Pieza duracional, cuatro horas.

Exhibición internacional de arte acción.

Sala veinte22, Guadalajara, México.

22 de Septiembre de 2013 

Me quiere, no me quiere, me quiere, no me quiere… ¿Qué es el amor si no una construcción de esperanza e incertidumbre?

Durante cuatro horas deshojé crisantemos mientras contaba sus pétalos basada en la serie de Fibonacci -0, 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, 55, 89…-, cada vez que conté uno de los números de la serie me administré una dosis doble de Clonazepam (fármaco que afecta el sistema nervioso central provocando somnolencia y deterioro de las funciones cognitivas) hasta terminar entumida y, eventualmente, inconsciente.

Deshojar una flor es un gesto de espera por el amor. En Crisantemo la espera es también por el desvanecimiento de la fuerza y el adormecimiento del cuerpo, que conduce a un estado de vulnerabilidad.

Como en los cuentos clásicos de princesas y romances instantáneos, desde niñas nos implantan la idea de que es nuestra misión encontrar un hombre que nos hará completas. La búsqueda del amor romántico se convierte entonces en la espera de una promesa azarosa, incontrolable, y en el constante recuerdo de una ausencia.

En la construcción del sueño de amor, propio de la femineidad, se nos inculca ser “perfectas”, buscando cumplir con estándares absurdos y naturalizados para encontrar pronto "El amor". Grandes expectativas se construyen a su alrededor: un espacio seguro, estabilidad económica, una familia feliz, el ideal de amor eterno.

Pienso que este deseo implantado de la relación romántica idealizada y difícilmente alcanzable, la creencia de que sin el otro estaremos siempre incompletas, nos debilita.


 

Alma García Gil

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